—¿CreÃste que nunca me enterarÃa de tus maletas listas para mudar otra vida? —preguntó Elena con una calma gélida que cortaba el aire.
Mateo tragó saliva, buscando las palabras correctas para justificar los meses de mentiras y los viajes falsos de negocios.
—No es lo que piensas, Elena… ella solo es… —comenzó a decir Mateo, levantándose abruptamente de la silla ejecutiva, con el rostro pálido.
—¿Solo qué? ¿Una pasajera en la vida que construimos desde cero? —lo interrumpió ella, dando un paso al frente sin apartar la mirada de sus ojos—. Firmamos un compromiso, Mateo, pero parece que olvidaste cada cláusula el dÃa que decidiste apostar nuestro patrimonio.
Antes de que él pudiera articular otra defensa, la puerta de la oficina se abrió de golpe, revelando a SofÃa, quien sostenÃa las llaves del auto y una maleta pequeña en la entrada.
El silencio sepulcral que invadió la sala fue interrumpido únicamente por el zumbido del aire acondicionado. SofÃa miró a Mateo con desprecio y luego a Elena, cruzándose de brazos.
—Te dije que este momento llegarÃa tarde o temprano, Mateo —dijo SofÃa con voz cortante—. O le dices la verdad completa de una vez, o me voy ahora mismo con todo lo que acordamos.
Elena soltó una risa seca, cargada de ironÃa, mientras cruzaba los brazos y se giraba hacia ambos.
—No te molestes en empacar, SofÃa. El departamento donde planeaban vivir ya está a mi nombre, y las cuentas corporativas están congeladas desde esta mañana. Bienvenidos a su nueva realidad.